fotos en una hamaca

Esto desbloquea el mecanismo de seguridad, que evita que la hamaca se pliegue si no está anclada en una de las tres posiciones de reclinado. En los años 90 apareció una pequeña necrópolis romana de 23 tumbas, en el edificio San Luis de la Plaza de Cantabria, que permite confirmar la existencia de un poblado de unos 2000 años de antigüedad. El Molino de Manojas (del que aún se conserva la fachada) se situaba en la hoy plaza Costa del Sol; el Molino del Castillo, en la calle San Miguel; el Molino del Malleo estaba en la plaza de la iglesia de San Miguel, antes plaza de la Cruz, y en los aledaños de la Torre de Pimentel estaban los molinos Alto del Rosario, el del Rosario, el de la Torre y el de la Bóveda. Una torrentera desenterró el 24 de marzo de 1881 lo que fue una piscina de enlucido impermeabilizado, el «frigidiarium» con un mosaico de colores y un «apodyterium» o sala de vestuario.

Es una pena que no podamos querernos -le dije-. Se entra a ella por una escalera que sale del antiguo Molino del Rosario. El cauce o «cao» proseguía acantilado abajo hacia El Bajondillo, donde se ubicaron un día el Molino de la Glorieta, el Molino Nuevo, el Molino de la Esperanza, el del Pato, el del Caracol, el de la Cruz y el del Peligro, este último cuyo nombre respondía a la amenaza continua de inundaciones cuando la marea alta. De hecho, y según las creencias más antiguas, el subsuelo de Torremolinos está surcado por una larga red de galerías que unen entre sí la cueva del Toro, situada en plena serranía y a unos 500 metros por arriba del Molino de Inca y el morro o Punta de Torremolinos. Tras la conquista cristiana del Reino de Granada, Torremolinos estuvo expuesto a las incursiones de los piratas hasta bien entrado el siglo XVIII, hamacas colgantes que frenaron el desarrollo demográfico del pueblo.

Este canal natural permitía, según las voces del pueblo, que al adentrarse hasta cierta profundidad en la cueva se pudiese escuchar el eco de las olas en su embate contra el roquedal. Me sentía una cría a la que sus padres castigan por sacar malas notas. Viajeros recomendaron el uso de una hamaca colgante árbol para ir de camping o a pescar. Su privilegiado entorno, su proximidad a la capital de la provincia, la belleza de sus playas y su tranquilidad la convirtieron desde principios de siglo en uno de los puntos favoritos para los viajeros (aún no eran turistas) que pasaban por Andalucía, entre los que destacan Salvador Dalí y Gala Eluard, invitados igualmente por los poetas impulsores de la revista Litoral que se edita en Málaga. Ysidro Ynca Méndez de Sotomayor y Colichet del Portal, cuyo cuñado fue el caballero y teniente coronel Francisco Antonio de Unzaga Amézaga y Aperribay, alcaide de la Alcazaba, gobernador de las costas del Reino de Granada y padre del gobernador Luis de Unzaga y Amézaga, silla colgante cuñado de Bernardo de Gálvez quienes reformaron y reforzaron durante el siglo XVIII y primera parte del XIX las defensas militares del litoral con diversas actuaciones. Según su teoría, la presencia de esas piedras obedecía a la costumbre en aquellos tiempos de utilizar las costas como caminos principales en los largos desplazamientos.

Asimismo deducen que vivían principalmente a cielo raso, en primitivas chozas y que utilizaban las cuevas como refugio ocasional y como sepulcros, en los cuales colocaban a los cadáveres sentados, la espalda apoyada en la pared, cubiertos de adornos y en compañía de algún animal doméstico, como el cerdo, siguiendo la costumbre generalizada en toda Europa en el período Neolítico. Durante la Guerra de Sucesión Española, una flota anglo-holandesa, comandada por el almirante inglés George Rooke, saqueó y quemó las casas y los molinos, con lo que Torremolinos quedó totalmente destruido, recuperándose muy lentamente. De la disposición geográfica de los molinos se podría decir que trazaron los lugares de asentamiento y posterior expansión geográfica y demográfica de Torremolinos a través de los siglos, aunque cabe señalar a este respecto que la presencia humana en este territorio se limitaba a unas pocas decenas de personas, los molineros y algunas gentes dedicadas a las labores de huerta.