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Mientras aumentaba la hostilidad de los cultivadores hacia la compañía, se resquebrajaba la autoridad política establecida y se encendían las lealtades partidistas liberales y conservadoras. Al mismo tiempo, los hallazgos de la comisión apoyaban la pretensión de los colonos de que la tierra usurpada por la United Fruit Company pertenecía a la nación, y el desafío, por parte de la United Fruit Company, a lo reglamentado por la comisión, ponía en claro el ostensible desprecio de la compañía hacia las autoridades colombianas. Al mismo tiempo, grandes cantidades de colonos lucharon una batalla sin esperanzas contra el desalojo: desde 1920 hasta 1928, los colonos notificaron a las autoridades nacionales más de cuarenta expulsiones, algunas de las cuales amenazaban hasta cien familias campesinas. Al mismo tiempo, los artesanos, obreros y campesinos comenzaban a presionar por el derecho a organizarse y por mejores condiciones de trabajo en varias partes del país. Creyendo en las promesas de la United Fruit Company y del gobernador de que las condiciones mejorarían al iniciar nuevamente el trabajo, la unión se rindió. Mientras los cultivadores habían tratado enfrentarse a la dominación de la United Fruit Company relacionándose con otras compañías de exportación, otros trataron de buscar la intervención directa del gobierno.

Ésta ordenó a la compañía dejar de cambiar el cauce del río Tucurinca para sus riegos y, cuando la comisión trató de deshacer los diques, la policía municipal encarceló a los representantes del gobierno nacional, en obediencia a las órdenes dadas por la United Fruit Company. La comisión tuvo dificultades para su trabajo: se enfrentaba tanto con la United Fruit Company como con los cultivadores locales, que insistían en sembrar banano dentro de las reservas nacionales y se negaban a obedecer las órdenes de la comisión. De esta manera, tanto los colonos como los trabajadores de las plantaciones experimentaron una creciente inseguridad económica. En 1924, los cultivadores solicitaron que una sucursal del nuevo Banco Agrícola Hipotecario fuera abierta en Santa Marta para suministrar una fuente alterna de crédito. Antiguos trabajadores se refieren a un aumento en el subempleo: después del huracán de 1927, algunos encontraban trabajo por tres días a la semana, hamacas playa o por dos semanas al mes. ». -En que odio este trabajo. Compartimos gastos y cuido a Ada los ratos que a sus padres se les solapan los horarios de trabajo. Su madre, que de ego no iba mal, declaró que ambas eran más bellas que las Nereidas, ninfas del mar.

Un año después del huracán en Sevilla los obreros bananeros elaboraron un pliego de peticiones compuesto de nueve demandas. Habiéndolo abandonado, organizó huelgas a todo lo largo del río Magdalena, entre ellas las de los obreros petroleros en Barrancabermeja en 1926 y 1927. Una vez en la zona bananera, Mahecha se convirtió en secretario de la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena y ayudó a los trabajadores a elaborar el pliego de peticiones. Los fundadores procedían de la tradición española anarcosindicalista y, junto con José Garibaldi Russo, un intelectual local impresionado por la Revolución rusa, formaron en octubre de 1926 la Unión Sindical de Trabajadores del Magdalena -USTM-, una organización poco rígida en la cual se mezclaban muchas ideas mutualistas, anarcosindicalistas, hamacas de playa socialrevolucionarias y liberales. En 1929, los liberales en Ciénaga hablaron de separase de Magdalena y establecer un departamento aparte. Los cultivadores de Santa Marta sacaban provecho, mientras los pequeños cultivadores de Ciénaga y Aracataca eran golpeados por los precios que subían, silla colgante la falta de crédito y la competencia de los grandes cultivadores. Los comités locales enviaban representantes a asambleas de obreros más grandes de Ciénaga y de Guacamayal. «Agitadores de afuera» como Mahecha y Castrillón, ciertamente apoyaron la huelga, pero también lo hicieron algunos comerciantes, cultivadores locales de banano y políticos liberales.